Contarlo para no olvidar, la obra protagonizada por Nuria González y Nuria Mencía que podemos ver hasta el 4 de octubre en el Teatro Español, ha sido mi primera experiencia teatral durante la pandemia de coronavirus que nos ha tocado vivir. No solo ha logrado ponerme los pelos de punta, sino que me ha recordado por qué hace 10 años decidí estudiar periodismo, una elección de la que me he arrepentido muchas veces, no os voy a engañar.

Hace unos días le confesaba a una persona que yo me matriculé en periodismo porque no quería que todos los días del resto de mi vida fueran iguales. Pero el jueves, Nuria González y Nuria Mencía, en la piel de las reporteras Maruja Torres y Mónica García Prieto, respectivamente, me recordaron algo más: las periodistas somos personas a las que nos gusta contar historias y que poseemos el gen de la movilidad. Para qué negarlo: somos curiosas y culos inquietos. Me sentí tan identificada que explicarlo en un puñado de líneas sin irme por las ramas es una tarea imposible.

Miguel Rellán adapta y dirige Contarlo para no olvidar, una pieza basada en el libro homónimo de Maruja Torres y Mónica García Prieto. Este montaje demuestra que para hacer teatro de calidad, de ese que revuelve al espectador en su butaca, no se necesita mucha pompa ni decorados fastuosos. La sala Margarita Xirgu del Teatro Español acoge esta obra que solo precisa una mesa y cuatro sillas, que no requiere cambios de vestuario,
pero que cuenta con un texto que remueve la conciencia de aquel que lo escucha y con dos actrices que se dejan la piel en el escenario. Esta última frase no es una exageración: Nuria González y Nuria Mencía salieron a saludar nada menos que cuatro veces porque en el público no cesábamos de aplaudir su trabajo, que debo calificar como impecable.

¿Cómo es posible que el primer comentario que recibe una periodista después de estar en una guerra sea que llega morena? ¿Por qué una mujer periodista casada con un hombre periodista es “la esposa de”? ¿De verdad debemos darle al lector lo que quiere? ¿Cambia algo que las periodistas contemos lo que pasa en el mundo? Sobre estas y otras cuestiones ahondan ambos personajes, que relatan sus experiencias en acontecimientos históricos tan significativos como la caída del Muro de Berlín, mayo del 68, la Primavera Árabe o las Guerras Chechenas.

Contarlo para no olvidar no es una disertación sobre conflictos internacionales, sino un retrato dibujado con maestría sobre las personas de carne y hueso que los padecen. Personas que sufren y que, a pesar de ello, son capaces de tender su mano al periodista extranjero que viene del bando contrario. Sin duda, una obra imprescindible para cualquier periodista, para cualquier mujer y, en definitiva, para cualquier ser humano.

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Cartel de Contarlo para no olvidar